Podría ser egoísta,
relegarte a mis confines,
no dejar que nadie te conozca.
Pero entonces, amor,
no escribiría.
Y tú,
tú no existirías,
porque estás hecha para presumir de ti.
Podría prometerte una vida sobre nubes, decirte que todo irá bien siempre, asegurarte que no habrá viento que nos mueva, jurarte que no saldrá ningún daño de mis manos hacia tu pecho. Podría prometerte un amor seguro, un futuro atado con un lazo de purpurina, darte la dirección de nuestra casa que aún no existe, llevarte a cenar, adornarte el armario e invitarte de vacaciones, las medidas exactas de nuestro futuro, una rutina sellada con la tinta del compromiso. Pero las promesas son seres cobardes que posponen mentiras futuras. Yo prefiero decirte que mientras estés conmigo no volverás sola a casa, que la semana que viene daremos un paseo sin hora de vuelta porque es verano y te hace una cara preciosa, que te quiero más que ayer y quién sabe mañana. Mi amor, yo prefiero hipotecar mi vida a tus manos que a la tranquilidad, no saber a dónde voy pero sí con quién, hacer el futuro en nuestro presente, deshacerme de la doctrina del reloj y pasearte por mi vida sin que importa la puntualidad. Yo prefiero mojarte el corazón cuando te duela, amarrarte a mí cuando vengan tempestades para que nos lleven, pero juntas, curarte con cuidado y paciencia las heridas que pueda causarte en vez de marcharme, responderte "hoy, nosotras" cuando me pregunte que qué quiero ser de mayor. Yo no te voy a prometer un futuro feliz y seguro, yo no voy a poder salvarte la vida siempre, yo no te voy a ocultar mis tropiezos, mis tristezas y mis fallos, yo no te voy a regalar un amor para siempre. Yo te voy a dar un presente imprevisible, yo voy a cruzar contigo todos los semáforos en rojo de Madrid, yo voy a llorar contigo hasta cuando sea de ti, yo voy a quererte de tal modo que sientas que cada día que lo hago lo estoy haciendo para siempre.
-Elvira Sastre
No hay comentarios:
Publicar un comentario