Mira, sé que a veces puedo llegar a ser una tonta y que no necesito tomar alcohol cuando ya soy torpe. Pero tengo que decirlo y quizás esté mal y quizás no. Pero aún siento, muy dentro, en el corazón, que lo nuestro no es en vano. Que quizás no sea el final, ni para mí, ni para ti, ni para nosotras. Que quizás sí existe algo mágico en eso de vernos a los ojos o de jugar a querernos.
Mira yo no veo el futuro, pero digan lo que digan, creo en ti. Fielmente. Como el hombre sin pierna que cree en Dios. Creo en ti, porque hemos pasado tantas cosas en tan solo tres meses que aún puedo creer que hay más para nosotras. Que estamos destinadas a ser algo más que simples mujeres con juegos idiotas.
Lo creo por la forma en que agarras mi mano ¿te has dado cuenta? La forma en que te quedas viendo un punto fijo y de la nada me dices "¿Y si me voy a dormir a tu casa?" ¡Pero por supuesto que puedes! Quédate a dormir para siempre en mi vida, y no te despiertes. O no me despiertes a mí. Qué maldita sea, eso de agarrar tu mano, de bailar en el centro mientras alguien toca la guitarra y todos nos ven, de tener mi mano a un lado y tú, como sabes hacerlo, rozas mi piel con tus uñas, como si el mundo no existiera, como si la realidad no existiera.
Es que, ¿en serio no te das cuenta? La gente me dice "Ya llegará alguien que esté destinado a ti." Pero ¿qué les pasa? Sí ya la he encontrado. Su mano encaja perfectamente con mi mano. Se ríe cuando yo me río. Juega conmigo y a mí me encanta jugar con ella como si fuéramos unas niñas con rodillas de lodo. ¿Ustedes han visto cómo salta los charcos? ¿cómo se sienta a esperar el taxi? ¿con qué delicadeza agarra la hoja en la que le he escrito mi vida? ¿cómo vemos las estrellas fuera de Coalcomán y me dice "qué romantico" mientras agarra mi cintura? Es que ustedes no lo entienden. Me tengo envidia. A mí misma. Por haberla encontrado. Deseo que todos encuentren ese pájaro tan libre que se llama como ella. Que los haga polvo, que te bese y te haga creer que el mundo es una estupidez. Que tome tu mano y la acaricie con tal delicadeza como si estuviera agarrando algo tan débil. Y después, te sople. Que te diga "vete, aquí ya no queda nada, ya no eres para mí, ni yo soy para ti." Ustedes no lo entienden. Ese mágico ser ha dado sus días para decirme lo mucho que me quiere para que cuando menos me lo espere ya no esté. Y me mata.
No hay comentarios:
Publicar un comentario