Mira, yo antes no lo entendía.
Me daba miedo besarte en público.
De tomar tu mano.
De que al mirarte se me notara el amor en los ojos.
De que descubrieran que estoy hasta el tope de ti.
Que estoy enamorada de ti.
Que te deseo tan inconcebible, que necesitaría dos vidas para ser suficiente.
Yo antes no lo entendía.
Y quizás ahora lo entiendo.
Mira, ya no necesito razones, ni por qués.
Ya no necesito aprobaciones ni halagos.
No necesito amigos, ni enemigos.
No necesito pensarlo, ni analizarlo.
Tampoco necesito de palabras duras, ni de palabras ensordecedoras.
Lo único que necesito es que digas que sí.
Que sí, que te unes a mí.
Que aceptas completar las listas conmigo.
Que sigamos saltando charcos.
Que subamos al edificio más alto solo para ver amanecer.
Que corramos en las madrugadas porque se nos hizo tarde.
Que nos cansemos cuando hagamos el amor.
Y besarnos para recuperar el aire.
Que yo te digo que sí, que acepto.
Que hagamos todo lo que se nos dé en gana.
Que el miedo ya no existe.
Que tomar tu mano en frente de todos ahora se le considera
como un "sí, le amo ¿y qué?"
Que ya no me importa si alguien me ve viéndote.
Que ya no me importa si tú me ves viéndote.
Que estoy segura de que la solución está
en seguir arriesgando, en continuar saltando
sin echarle cuenta a los que dicen que no se puede volar.
Y si dices que sí, te prometo -con todo lo que sé, y con todo lo que soy-
que si nunca habías conocido el amor, todos los días te lo haré. Te lo enseñaré.
Nos enseñaremos.
Que yo no conocía el amor hasta que te conocí a ti.
Porque tú me has enseñado lo que es ser libre.
Y lo que es ser feliz.
Y yo quiero remediarlo.
Que se que no te gustan las promesas porque no siempre se cumplen.
Pero que yo sí
y que prometo quererte todos los días.
Hasta que la eternidad se nos acabe.
Hasta que nos acabemos tú y yo.
O hasta que la primavera o el verano acabe.
O tú.
O yo.
O nosotras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario